Si dispone de algún dinero y no lo necesita para la fecha determinada, gestionar una cartera de inversiones es la estrategia indicada. En estos casos, le será indiferente que estas economías sufran bajas de valor temporales, pues puede esperar el mejor momento para venderlas.
Así podrá optar por inversiones que no tengan garantía total de reembolso en cualquier momento. Espera, aún así, obtener mayores rendimientos de los que obtendría con los depósitos a plazo fijo u otros productos de corto plazo. En este sentido, las ganancias de una cartera de inversiones vendrán de los intereses, de los dividendos, pero también de las fluctuaciones de las cotizaciones.
¿A quién se destina?
Esta estrategia se destina, por ejemplo, a:
Estrategia a Adoptar
Las opciones para realizar una cartera son múltiples: desde suscribir fondos de renta fija de medio y largo plazo en moneda extranjera, a acciones nacionales o extranjeras.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta una cuestión importante: cuanto más largo sea el plazo del que dispone (10, 20 años o más), para el inversor resultará más interesante privilegiar la renta variable, en detrimento de la renta fija.
Inversamente, cuanto más reducido sea el plazo (entre 5 y 10 años - si es inferior opte por la estrategia 1) mayor interés tendrá el inversor en aumentar la proporción de la renta fija en detrimento de la renta variable. La razón es sencilla, las acciones podrán rendir más de lo que rinden las obligaciones, pero esta probabilidad es tanto más grande cuanto más paciente sea el inversor. En suma, los años juegan a favor de la renta variable.
¿Qué Títulos elegir?
Quien opta por la estrategia de cartera de inversiones invierte, necesariamente, a largo plazo. Puede, sin embargo, optar entre invertir en títulos financieros una cuantía modesta o una cuantía considerable. La composición de la cartera con títulos elegidos individualmente exige no sólo varias centenas de miles, sino millones (cuantía considerable).
Para limitar al máximo los riesgos de pérdida financiera, hay que comprar, por lo menos, entre ocho y diez lotes de acciones y/o bonos individuales por país, en especial nacionales.